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Una mañana en el gimnasio observé a un joven increíble que hacía pesas. Mi  gran sorpresa fue descubrir en aquel turbador mozuelo en camiseta a Iván, un  antiguo amigo de mi hijo Manuel,  al que no veía desde hacía dos o tres años, cuando ambos abandonaron el instituto. Era mayor que mi hijo y me sentí muy feliz cuando dejaron la relación porque apuntaba maneras de macarra, había dejado los estudios para ponerse a trabajar con su padre de albañil. Ahora andaría por los 24 ó 25 años. Cuando me vio, dejó las pesas,  se acercó a darme un par de besos y pude notar su cambio.

La chispa

Pasados unos días, nos volvimos a encontrar, hicimos varios ejercicios juntos, estuvimos hablando bastante rato de su trabajo, de mi hijo, del tiempo que hacía  no nos veíamos,  hasta que fue la hora de irnos a duchar. Me pidió el champú, me acerque a la puerta del vestuario y al abrirla me lo encontré de frente, llevaba una toalla anudada a la cintura y no pude dejar de fijarme en su torso perfecto con unos abdominales marcados y unos brazos fuertes. Le lance el champú desde la puerta sin darme cuenta de que sus manos estaban sujetando la toalla que llevaba puesta, al ver como el bote de champú se acercaba hacía él,  las levantó para agarrarlo y la toalla se deslizó hasta el suelo,  quedando completamente desnudo. No pude dejar de centrar mi vista en su aparato que,  aunque en estado de reposo,  me pareció bastante grande. Al salir, Iván  me agarro de la mano y emprendió rumbo a la cafetería, allí me invito a un refresco, yo llevaba un vestido corto que enseñaba mis piernas y mi escote y cada vez me estaba poniendo más nerviosa porque  me daba la impresión de que no dejaba de mirarme los pechos  durante todo el rato. Cuando se levanto a pagar se acercó y me dijo que el vestido me sentaba fenomenal. Estaba empezando a pensar que ese chico coqueteaba conmigo, nos despedimos al salir de la cafetería y me fui para casa. Estuve varios días sin ir al gimnasio y apenas me acorde de él.

Unas semanas después, estábamos de puente y  mi esposo no pudo acudir al campo por motivos de trabajo.  A eso de las 13:00 terminé de ducharme en la ducha del pasillo, me sequé y salí del cuarto sin nada cubriéndome,  ya que mis hijos estaban en la planta de abajo. Iba a volver a  mi dormitorio, cuando se abrió la puerta de la habitación de Manuel. Me quedé de piedra al ver a Iván, me vio desnuda durante un par de segundos, hasta que entré en mi cuarto rápidamente. Cuando me miré al espejo, estaba roja y pude escuchar mi propia respiración. Mis pezones estaban duros como piedras, al tocarme uno de ellos noté un escalofrío. No podía creerlo. Que Iván  me viera desnuda me había puesto caliente. Me pasé un dedo por mi sexo y no pude reprimir unas ganas locas de masturbarme, algo que no hacía desde hacía bastantes años.  Mientras me tocaba  no dejaba  de pensar en el cuerpo del amigo de mi hijo completamente desnudo. Cuando bajé, Manuel me contó que había invitado a Iván  para el fin de semana y que se le había olvidado decírmelo.

La llama

Estaba poniendo la mesa cuando él  entró en la cocina. Comenzó a poner los cubiertos y me soltó un comentario que me dejó helada: “el vestido que te has puesto es muy bonito pero estabas mejor como te he visto arriba”.  Noté cómo volvía a ponerme colorada y no dije absolutamente nada,  tratando de actuar con normalidad mientras seguía poniendo la mesa. Cuando colocaba los vasos,  lo sentí detrás de mí, se pego a mi culo mientras dejaba una jarra de agua, me di la vuelta muy nerviosa, se acercó aún más y me dio un beso en los labios, atónita lo separé de un empujón y le dije que se había vuelto loco.  Me limité a quedarme quieta contra la mesa sin saber qué hacer lo que aprovechó para bajarse hasta los tobillos el pantalón. No pude evitar mirar su polla que en esta ocasión estaba dura y apuntaba directamente hacia mí. Se acercó, me agarró por la cintura, me separó las piernas y me sentó  en la mesa de la cocina, restregándose contra mí.  Yo traté de empujarlo, traté de convencerle de que era una locura, de que mis hijos podían vernos en cualquier momento, pero aquel muchacho estaba fuera de sí y comenzó a acariciarme las tetas  por encima del vestido. Comenzó a besarme, la cara, la boca,  el cuello,  al tiempo que me iba quitando los botones del vestido hasta que mis tetas saltaron fuera, pues no llevaba sujetador;  yo creía estar en un sueño y sería ridículo negar que estaba disfrutando con lo que aquel muchacho me estaba haciendo. Me bajó los tirantes del vestido y lo enrolló a la altura de la cintura, siguió bajando su cabeza hasta llegar a mis bragas, trató de bajármelas pero yo agarré ambos lados y saqué fuerzas para pedirle que parara. Iván  me miro y con una sonrisa en sus labios y grito: “Manuel, ven un momento a la cocina que no encuentro  las cocacolas” Aquello me dejó de piedra, aquel niñato estaba jugando conmigo a su antojo y la sola idea de que mi hijo me viera en aquella situación me hizo soltar mis bragas; ante aquello,  Iván  me susurró al oído que estaba  mucho mejor,  y gritó: “MANU, ya las he visto”, a la vez que me bajaba  las bragas de un solo tirón.   Antes de que yo respondiera,  metió su cara entre mis piernas devorando literalmente mi coño, mi esposo que era incluso más conservador que yo,  jamás me lo había comido, de hecho alguna de mis amigas solía gastarme bromas con aquello diciéndome que no sabía lo que me perdía y aquel día comprendí que tenían razón. Sin poderlo evitar,  el gusto que Iván  me estaba dando fue en aumento y yo estaba desatada, abría las piernas para que pudiera llegar mejor a todos los rincones de mi sexo. Sus labios jugaban con mi coño y sus manos pellizcaban mis pezones. Se incorporó de nuevo y pasaba su polla  arriba y abajo por mi rajita, intentaba metérmela,  pero con la poca fuerza de voluntad que me quedaba traté una vez más de separarle de mí. En ese instante venció mis defensas y me la insertó,  de golpe,  casi hasta la mitad.  Volvió hacía atrás sacándola por entero hasta introducírmela otra vez. Sentí un gusto increíble cuando estaba completamente metida y eso que parecía que no me iba a entrar. Me sonrió y comenzó a moverse. No pude evitar comenzar a jadear. Aceleró sus movimientos y por primera vez en mis cincuenta años de vida supe el significado de la palabra follar. Y en ese momento, enrollando mi lengua con la del amigo de mi hijo y teniendo un orgasmo maravilloso sentí como un calor inundaba mi vagina, signo inequívoco de que Iván  se estaba corriendo dentro de mí. Estuvo unos segundos quieto permaneciendo en mi interior, luego se separo y se subió los pantalones, se agachó y guardó mis bragas en su bolsillo y yo bajé de la mesa como pude,  me coloqué el vestido, y estaba arreglando la mesa justo en el  instante en que  mi hijo Manuel entró en la cocina. Aquello me hizo volver a la realidad.  Durante la comida Iván  no dejó de mirarme y sonreír aunque mis hijos no se dieron cuenta de nada, yo seguía muy nerviosa, me sentía terriblemente sucia y culpable por lo que había hecho y estaba deseando que Iván  se fuera de casa. Cuando terminamos yo aproveche para decirles que estaba cansada y que me iba a mi dormitorio a descansar.

Llevaba unos 20 minutos dando vueltas sin parar, pensando en lo que había ocurrido. A pesar de mis remordimientos, me levanté de la cama y me coloqué un camisón corto blanco, todo se me transparentaba a través de la tela, desde el ombligo hasta los pezones. Me coloqué un tanga también  blanco de finas tiras laterales y aguardé con impaciencia ante el espejo. Me cepillé el cabello, me perfumé. Me acicalaba para él. Un rato más tarde lo oí en el pasillo. Unos segundos después  se abrió la puerta del dormitorio. Me volví hacia él con el cepillo en la mano. Iván, me examinó. Vio como las tetas se mecían tras la gasa y centró la vista en el tanga y en la mancha triangular que se transparentaba. Estaba demasiado insinuante…

Sin decir nada, caminó hacia mí, se colocó detrás. Me acarició los brazos deslizando las yemas de los dedos. Permanecí inmóvil frente al espejo mientras me acariciaba y  besuqueaba por el cuello. Se pegó a mí. Noté su bulto, en mis nalgas, me abrazó magreándome por encima de la gasa, achuchándome con suavidad. Contemplaba por el espejo el recorrido de sus manos y las  caricias sobre mis pechos. Se quitó los pantalones y la camiseta. De manera inesperada, agarró la parte delantera de mi tanga con fuerza y dio un fuerte tirón hacia arriba insertándome la tela entre los labios vaginales. Reculé contra su pene. La sensación resultaba abrumadora. Me soltó de repente, dejando las bragas insertadas en mi coño. Me obligó a girar hacia él. Se abalanzó sobre mis tetas para mordisquearlas por encima de la tela. Me soltó y caminé  hasta el borde de la cama sin sacarme las bragas del coño, con la parte delantera del camisón baboseada. Me coloqué a cuatro patas con las rodillas cerca del borde y el culo en pompa hacia él. Miré hacia atrás. Su verga se había hinchado considerablemente. Se colocó de pie tras de mí  y fue tirando del tanga hacia abajo. Sentía el cosquilleo de la lengua y el roce de la nariz por la raja. Se puso de pie y me perforó el coño con el dedo índice de la mano derecha. Mientras, se sacudía la verga con la izquierda. Ahora me follaba con el dedo. Yo meneaba el culo cada vez que lo adentraba y gemía sacudiendo la cabeza, como si el placer me nublara la mente. Electrizado, retiró el dedo del coño para sacudirse la polla más deprisa. Volví  la cabeza para mirar cómo se masturbaba. Con su vista fija en mi  culo, estrelló contra mi nalga derecha un chorreón de leche muy líquida. Bajé de la cama y me quité el camisón quedándome completamente desnuda.  Lanzo su cabeza contra mis pechos que empezó a chupar y mordisquear con gula.

El fuego

Después se abalanzó entre mis piernas para hacerme una comida de coño bestial, esta vez tuve que llevarme la almohada a la boca para ahogar el sonido.  Iván  tenía su cabeza enterrada en mi coño y jugaba con mis tetas entre sus manos, estaba a punto de llegar al orgasmo cuando se detuvo, me quité la almohada de la cara y lo miré, estaba arrodillado en la cama mirándome.  Yo no podía más, había roto todas mis barreras, ya no era la madre de su amigo, ni una fiel esposa, era una ramera que necesitaba polla y se lo dije. Me abrí de piernas todo cuanto pude e Iván  me tumbo en la cama y se metió entre mis piernas, yo cerré los ojos de gusto y él me pidió que lo mirara a los ojos mientras me follaba. De nuevo, hice lo que él me dijo y respondió clavándome de golpe su estaca y comenzó a metérmela y sacármela sin darme ni tregua ni momento para adaptarme.  Yo ya estaba totalmente entregada.  Lo agarré de la cabeza y lo atraje hacía mí, quería besarlo, luego me puso a cuatro  patas en la cama y comenzó a follarme por detrás como a una perrita, me pedía que mirara mi foto de boda que estaba en mi mesita de noche, le encantaba el morbo de la situación, me agarraba las tetas mientras me follaba y embestía cada vez con más fuerza.

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Por la noche, busqué una excusa ante mis hijos y no bajé a cenar.  Estaba entregada por completo a aquel muchacho y solo pensaba en que me follara una y otra vez.

El incendio

Después de cenar, mis hijos subieron a decirme que todos saldrían a la calle. Bajé al salón decepcionada. Al rato oí  que la puerta se abría. Se me acercó, me levantó del sofá y me quitó la camiseta y el pantalón dejándome únicamente con el sujetador y las bragas, mientras me contaba no sé qué excusa había puesto para volver.  Me agarró del cuello y me metió  la polla en la boca, cuando sonó el teléfono.  Iván  miró la pantalla y me dijo que era  mi marido. Le indiqué  que le dijera que después llamaría y seguí chupando su polla, pero  Iván  respondió  activando el manos libres.  Traté de levantarme,  pero me agarró  la cabeza con su mano y no me dejaba sacarme la polla de la boca. Mi esposo se extrañaba de que no estuviera  allí, preguntó por mí y él le dijo que no podía ponerme, aunque sí estaba, pero con la boca llena,  mientras hablaba, me había soltado el corchete de mi sujetador y comenzó a acariciar mis tetas, pellizcando mis pezones, luego metió su mano dentro de mis braguitas y a punto estuve de gemir; después  se arrodilló en el suelo y me las bajó poco a poco. A la vez seguía hablando. Luego se despidió y me pasó el teléfono. Mi marido se extrañó de que estuviera comiendo a esas horas, yo seguía con el morbo y le dije que acababa de comer  un plátano, Iván  se excitaba aún más con mi conversación,  metió su cabeza entre mis piernas y comenzó a lamer mi pubis, su lengua volvió a darme un gusto increíble jugando con mis labios vaginales y mi clítoris, me estaba haciendo gozar y yo cada vez tenía más difícil disimular durante la conversación con mi esposo que pronto me noto rara. Le dije que lo iba a dejar, porque tenía un vaso de leche a punto, y se iba a enfriar, lo que hizo que Iván  se excitara aún más.  Se sentó en el sofá y me colocó encima.  En esa postura,  era yo la que tenía que subir y bajar sobre su polla ayudada por sus manos que me agarraban fuerte de las caderas, mientras él  hundía su cabeza entre mis tetas. Me despedí de mi esposo como pude  y colgué, me quedé sentada sobre él,  con la polla enterrada por completo en mi interior y comencé a besarle en los labios con dulzura. Sus manos bajaban por mi espalda y me agarraban con fuerza del culo, se lamió los dedos y comenzó pasarlos por mi ano, haciendo círculos y metiendo la puntita. Yo fui bajando con mis labios por el cuello de Iván, luego, me desenfunde su polla de mi coño y seguí besando su pecho, su estomago, su pubis hasta llegar a su polla que estaba durísima, la tomé por la base con mi mano y apoyé mis labios en la punta dándole un besito. Después mi lengua fue deslizándose por su miembro hasta llegar a sus huevos, volví a subir por el tronco hasta llegar a la punta, mis labios besaron su capullo como adorándolo,  me la  fui metiendo en la boca muy despacio, primero el capullo, jugando con mi lengua a su alrededor, luego hasta la mitad y luego un poco más. Por  segunda vez se puso detrás de mí, comenzó a embestirme con fuerza a la vez que repetía las cosas que le había dicho a  mi esposo. Las estocadas de Iván  eran increíbles. Suplique a Iván  nuevamente, pero esta vez no lo hice para que me dejara, sino para que siguiera follándome de esa manera brutal. Tuvo que poner sus manos en mi boca para que mis gritos no se escucharan por toda la casa, me corrí de una manera increíble.

Me levante y lo senté en el sofá, quería agradecerle haberme hecho disfrutar como nunca. Iván  estaba otra vez  a punto. Me arrodillé ante el borde del sofá y  rodeé con mis tetas el pollón del amigo de mi hijo comenzando a pajearle con ellas hasta que estalló en mi cara.

Cuando me desperté a la mañana siguiente mis hijos me dijeron que Iván  se había marchado temprano y que les había dicho que me dieran recuerdos de él y las gracias por lo bien que lo habíamos tratado después de tanto tiempo. A la hora de la comida llegó mi marido y yo me comporté como siempre, volví a ser la misma. Me apunté a otro gimnasio con la esperanza de no volver a ver a Iván. Pasaron unos meses, pero ayer mi hijo me dijo que había vuelto a invitarlo a casa y no supe o no quise decirle que no.  Está a punto de llegar y no sé lo que pasará en este nuevo fin de semana.

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